Los 208 partes de accidente registrados por COEDPI durante la temporada 2025-2026 no son solo una cifra aseguradora. Leídos junto al número de atletas, la modalidad, el mecanismo lesional y la zona corporal afectada, ayudan a decidir dónde conviene concentrar la prevención. Estas son las principales enseñanzas que un club puede trasladar al tatami desde hoy.
Un parte no es solo un trámite
Cuando se produce una lesión, el parte de accidente activa la atención prevista por el seguro. Pero, una vez anonimizado y agregado con otros casos, también cumple una segunda función: permite observar patrones. Saber qué actividad se practicaba, cómo ocurrió el accidente y qué zona corporal resultó afectada ayuda a pasar de la intuición a una prevención basada en evidencias propias.
El Informe de Siniestralidad en Artes Marciales y Deportes de Combate 2025-2026 de COEDPI analiza 5.877 atletas asegurados y 208 partes registrados entre septiembre de 2025 y junio de 2026. La relación entre ambas cifras ofrece una tasa global del 3,54 %. Es una fotografía valiosa del colectivo cubierto durante ese periodo, aunque no debe interpretarse como una medida universal del riesgo de las artes marciales.
Primera enseñanza: comparar tasas, no solo cantidades
El dato más visible por modalidad es el de Jiu Jitsu: 129 partes entre 2.041 atletas, una tasa del 6,3 %. La cifra absoluta indica dónde se acumula más actividad asistencial, pero la tasa permite una comparación más justa porque incorpora el tamaño del grupo asegurado. Aun así, falta una variable importante: la exposición. Dos personas inscritas pueden entrenar una o seis horas por semana, competir con distinta frecuencia o practicar a intensidades muy diferentes.
Por eso, el informe sirve para priorizar preguntas, no para etiquetar una modalidad como “segura” o “peligrosa”. El siguiente paso de un club debería ser registrar, además del número de practicantes, las sesiones u horas de exposición. Esa práctica coincide con las recomendaciones internacionales sobre vigilancia de lesiones deportivas: definir con claridad los casos y relacionarlos con una medida adecuada de exposición.
Segunda enseñanza: las caídas merecen un lugar central
Las caídas aparecen como el mecanismo lesional más frecuente del informe, por delante de las torsiones o giros. Este hallazgo justifica revisar cuánto tiempo se dedica a aprender a caer y cómo progresa esa enseñanza. Saber proyectar no equivale automáticamente a saber recibir una proyección en todas las direcciones, a distintas velocidades o cuando aparece la fatiga.
La prevención puede integrarse en la sesión: práctica frecuente de caídas de baja complejidad; progresión desde situaciones cooperativas hasta tareas con incertidumbre; control del espacio entre parejas; retirada de objetos y revisión del pavimento; y adaptación de la intensidad al nivel técnico. En grupos de iniciación, la confianza no debe acelerar una progresión que el cuerpo y la técnica todavía no dominan.
Tercera enseñanza: torsiones y giros exigen control compartido
Las torsiones o giros ocupan el segundo lugar entre los mecanismos registrados. En disciplinas con agarres, derribos, controles y finalizaciones, la seguridad depende de quien ejecuta, de quien recibe y de las reglas de la tarea. El entrenador debe definir qué técnicas están autorizadas según el nivel, cuándo detener la acción y qué intensidad resulta compatible con el objetivo de la sesión.
También importa la cultura del grupo. Abandonar o “picar” a tiempo es una decisión técnica, no una derrota; soltar de inmediato es una obligación del compañero. Las parejas deben equilibrarse por experiencia, tamaño, condición física y capacidad de autocontrol, especialmente cuando se incorporan personas nuevas o se trabaja bajo fatiga.
Cuarta enseñanza: el tren inferior necesita una estrategia
La rodilla destaca como zona crítica y, al sumar pie y tobillo, el tren inferior concentra una parte relevante de los partes. Esto no significa que exista un ejercicio capaz de evitar cualquier lesión. Sí aconseja combinar varias capas: preparación física progresiva, fuerza y control neuromuscular, movilidad suficiente para las demandas de la disciplina, buena ejecución técnica y gestión razonable de las cargas.
Un calentamiento útil debe preparar para lo que vendrá después, no limitarse a elevar la temperatura. Puede incluir desplazamientos, cambios de apoyo, desaceleraciones, movilidad dinámica y ensayos técnicos de menor intensidad. Si una sesión introduce derribos, pivotes o posiciones nuevas, la progresión debe reducir primero la velocidad y la oposición. El dolor persistente, la inestabilidad o la inflamación requieren detener la práctica y consultar a un profesional sanitario.
Quinta enseñanza: prevenir también es organizar
Muchas decisiones eficaces no dependen de comprar más material. Un club puede establecer una comprobación breve antes de cada clase: superficie seca, zona de práctica despejada, protecciones en buen estado, botiquín accesible y teléfonos de emergencia disponibles. Puede definir quién dirige la respuesta, quién acompaña al lesionado y quién registra lo ocurrido.
Después de un accidente conviene documentar la modalidad, la tarea, el momento de la sesión, el mecanismo, la zona corporal y los factores del entorno, sin incluir datos innecesarios. La revisión no busca culpables. Busca saber si el caso fue aislado o si repite un patrón. Tres incidentes similares durante la misma tarea justifican modificarla, aunque ninguno haya sido grave.
De la estadística al plan del club
Los datos de COEDPI sugieren un orden de actuación razonable: reforzar el aprendizaje de las caídas; controlar las tareas con torsión; proteger el tren inferior mediante técnica, preparación y carga progresiva; y mejorar el registro. Para que el plan sea medible, el club puede escoger pocas acciones y revisarlas cada trimestre.
Por ejemplo: incluir cinco minutos de caídas adaptadas en las sesiones pertinentes; documentar todas las incidencias, aunque no generen parte; revisar mensualmente superficie y protecciones; y analizar cada trimestre los casos por actividad, mecanismo y zona corporal. Si además se anotan horas de entrenamiento, será posible calcular tasas de incidencia más informativas y comparar periodos con mayor rigor.
Lo que 208 partes sí —y no— nos dicen
Los 208 partes muestran que la siniestralidad puede estudiarse y gestionarse. Señalan prioridades concretas dentro del colectivo asegurado y ayudan a orientar recursos. No demuestran por sí solos la causa de cada lesión, no miden los incidentes que nunca se comunicaron y no permiten comparar todos los riesgos sin información equivalente sobre exposición, edad, nivel o contexto competitivo.
La conclusión útil no es que haya que entrenar con miedo, sino con método. Una práctica segura conserva la exigencia técnica y deportiva, pero introduce progresión, normas claras, supervisión y aprendizaje de cada incidente. Cuando el parte deja de archivarse y empieza a analizarse, se convierte en una herramienta de calidad para toda la comunidad.
Conclusión
Cada club puede empezar con una pregunta sencilla: ¿qué patrón se repite en nuestros propios incidentes? Revisa los partes de la última temporada, clasifícalos por mecanismo y zona corporal, y elige dos medidas preventivas para el próximo trimestre. Consulta el informe completo de COEDPI y comparte sus conclusiones con el equipo técnico.
Enlaces
COEDPI Comunica. Informe de Siniestralidad en Artes Marciales y Deportes de Combate 2025-2026.
Consultar artículo e informe.
Bahr R. et al. International Olympic Committee consensus statement: methods for recording and reporting of epidemiological data on injury and illness in sport 2020. British Journal of Sports Medicine, 2020;54:372-389.
Consultar publicación.