Ayer, varios medios de comunicación se hicieron eco de la convocatoria de elecciones a la presidencia del Real Madrid y de los requisitos exigidos para poder presentar candidatura: antigüedad como socio, capacidad jurídica, ausencia de sanciones, incompatibilidades y un importante aval económico. Más allá del caso concreto del fútbol profesional, este tipo de mecanismos permite abrir una reflexión interesante sobre la vida interna de clubes y asociaciones deportivas.
En muchos clubes de artes marciales, la realidad de origen es distinta a la de otros deportes convencionales. Mientras que en numerosas disciplinas un grupo de aficionados constituye un club y posteriormente incorpora a un entrenador, en las artes marciales suele ocurrir lo contrario: es el maestro, instructor o técnico quien crea el club como herramienta jurídica para enseñar, agrupar alumnos y dar continuidad a un proyecto formativo. Desde esa perspectiva, resulta comprensible que algunos socios fundadores busquen una baja rotación en las juntas directivas para proteger la prosperidad del proyecto iniciado. A partir de este contexto, analizamos cómo determinados requisitos electorales, como los recogidos en el reglamento del Real Madrid, pueden funcionar como un modelo estructuralmente sólido de estabilidad institucional, pero también como un punto de debate sobre participación, renovación y equilibrio asociativo.
Dos formas distintas de crear un club deportivo
En muchos deportes convencionales, la estructura del club nace de manera colectiva. Un grupo de aficionados se reúne, constituye una entidad deportiva, busca instalaciones, tramita licencias y, en algún momento, incorpora a un entrenador o técnico para dirigir la actividad.
En este modelo, el club suele preceder al entrenador. Primero existe una comunidad deportiva y después aparece la necesidad de contar con una dirección técnica.
En las artes marciales, sin embargo, es habitual que el proceso sea diferente. Primero existe un maestro, instructor o entrenador con conocimientos técnicos, alumnos potenciales y voluntad de enseñar. Después se crea el club o asociación como herramienta jurídica para impartir clases, federar deportistas, contratar seguros, acceder a instalaciones, organizar exámenes o participar en competiciones.
En este segundo modelo, el club no nace tanto de una masa social previa como de un proyecto técnico que busca una estructura legal para desarrollarse.
El papel del maestro fundador en las artes marciales
Esta diferencia de origen ayuda a entender por qué, en muchos clubes de artes marciales, los socios fundadores muestran una especial preocupación por la continuidad de la junta directiva.
No siempre se trata de una voluntad de control en sentido negativo. En muchos casos responde a una preocupación legítima: proteger una línea de enseñanza, conservar una identidad marcial, mantener una metodología y evitar que una rotación brusca de cargos desvirtúe aquello que dio sentido al club desde su nacimiento.
El maestro que impulsa un club suele aportar mucho más que unas clases. Aporta nombre, reputación, método, alumnos, contactos, experiencia y, en muchas ocasiones, recursos personales. Sería ingenuo ignorar que sin esa figura muchos clubes ni siquiera existirían.
Ahora bien, una vez constituida una asociación deportiva, aparecen también socios, derechos, deberes, órganos de gobierno y una vida institucional que no puede reducirse indefinidamente a la voluntad de una sola persona o de un grupo cerrado.
Los requisitos electorales como herramienta de estabilidad
El término “blindaje” suele utilizarse con una carga crítica, como si toda limitación al acceso a la junta directiva fuera necesariamente contraria al espíritu asociativo. Sin embargo, la realidad es más matizada.
En cualquier entidad deportiva puede ser razonable exigir ciertos requisitos mínimos a quienes aspiran a dirigirla. La experiencia interna, el compromiso continuado, la ausencia de conflictos de interés o la capacidad para asumir responsabilidades de gestión no son cuestiones menores.
La noticia relativa al Real Madrid permite visualizar un modelo especialmente exigente. Sus requisitos electorales incluyen antigüedad como socio, condiciones de capacidad jurídica, ausencia de sanciones, incompatibilidades y la aportación de un aval económico de gran relevancia. En concreto estos 7 puntos:
1. Ser español.
2. Ser mayor de edad y con plena capacidad de obrar.
3. Hallarse al corriente en el cumplimiento de los deberes sociales.
4. Ser socio del Club con, al menos, veinte años de antigüedad ininterrumpida -19- para el caso del Presidente, quince años para el caso de los Vicepresidentes y diez años en los demás casos.
5. No estar sujeto a sanción que lo inhabilite para desempeñar cargos directivos.
6. No ostentar cargo directivo en otros Clubes de Fútbol, ni encontrarse en activo como Jugador, Árbitro, Entrenador o Técnico de los mismos en el momento de la proclamación como candidato.
7. Aportar, en su momento, aval bancario en los términos, condiciones y cuantía que establece la Ley 10/1990 y demás disposiciones aplicables y conforme a los requisitos exigidos en los números 3º y 4º del apartado C del presente artículo, que corresponde al 15% del presupuesto de gastos para garantizar su responsabilidad económica.
Este esquema responde a una lógica de alta exigencia institucional: quien pretenda gobernar una entidad de enorme dimensión social y económica debe acreditar arraigo, solvencia y ausencia de intereses cruzados.
La diferencia entre proteger un proyecto y cerrar una entidad
Trasladar esa lógica a clubes pequeños o asociaciones de artes marciales exige prudencia. No es comparable la estructura de un gran club profesional con la de una escuela local de judo, karate, taekwondo, aikido, krav maga o defensa personal.
Tampoco son iguales los presupuestos, los riesgos financieros, la masa social ni la exposición pública. Sin embargo, sí existe un elemento común: toda entidad necesita un mínimo de estabilidad para desarrollarse.
Desde esta perspectiva, los requisitos electorales pueden cumplir una función ordenadora. Pedir cierta antigüedad como socio puede evitar candidaturas improvisadas de personas que apenas conocen la historia o las obligaciones del club. Exigir estar al corriente de las cuotas impide que quien no cumple sus deberes básicos aspire a dirigir la entidad. Regular incompatibilidades ayuda a prevenir conflictos de interés.
El problema aparece cuando la finalidad protectora se convierte en cierre estructural. Una cosa es exigir compromiso real con el club y otra muy distinta diseñar requisitos imposibles de cumplir para cualquier persona que no forme parte del núcleo fundador.
Dos modelos legítimos, pero con equilibrios distintos
El punto central del debate está en comprender la naturaleza de cada proyecto.
En el modelo asociativo clásico, la legitimidad suele apoyarse en la base social: el club pertenece a sus socios y la junta administra un mandato temporal.
En el modelo técnico-docente propio de muchas artes marciales, la legitimidad inicial se apoya en el conocimiento del fundador y en la confianza de los alumnos. Ambos modelos son válidos, pero generan expectativas distintas.
En el primero se espera una mayor rotación y participación desde el inicio. En el segundo se acepta con más naturalidad una continuidad directiva fuerte, siempre que no se vacíen por completo los derechos asociativos.
Por tanto, el debate no debería plantearse en términos absolutos. No todo blindaje es abuso, ni toda apertura electoral garantiza una gestión mejor. La rotación constante puede generar inestabilidad, pérdida de identidad y conflictos internos. La permanencia indefinida sin contrapesos puede generar opacidad, dependencia personalista y desafección de los socios.
Conclusión: estabilidad, participación y sentido común institucional
Los blindajes en juntas directivas no son, por sí mismos, buenos ni malos. Son herramientas de gobierno interno.
Pueden servir para proteger la continuidad, la solvencia y la identidad de una entidad deportiva. Pero también pueden convertirse en barreras desproporcionadas si se utilizan para impedir cualquier renovación o participación real.
En clubes y asociaciones de artes marciales, donde la figura del maestro fundador suele ser el eje del proyecto, la clave está en reconocer esa singularidad sin olvidar que toda estructura asociativa necesita participación, equilibrio y confianza institucional.
Hay clubes que nacen de una comunidad deportiva que necesita un entrenador, y clubes que nacen de un entrenador que necesita una estructura jurídica para enseñar. Ambos modelos son legítimos. Lo importante es que las reglas internas no traicionen esa realidad, sino que la ordenen de forma razonable.